Exposición individual itinerante, realizada en Yaddo, New York.
Solo traveling exhibit, created at Yaddo, New York












Llegué como artista invitada para trabajar en un nuevo proyecto a la residencia Yaddo, en el estado de Nueva York. Acababa de presentar mi exposición individual “Principio de Incertidumbre” en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México y seguía yo con aquellos lineamientos conceptuales en cuanto a mi interés pictórico. Mi intención era continuar con la investigación acerca de una pintura “inasible”, “etérea”, por lo que había implementado una técnica “reflejante” a base de polvo de aluminio, que hiciera que la pieza cambiara a cada paso, dependiendo de la dirección de la cual proviniera la mirada…
Pero se me vino encima la realidad: a final de cuentas era yo una artista mexicana invitada en los Estados Unidos. No pude escaparme de esa situación, lo cuál me llevó, en un grado inconsciente, casi imperceptible, a hacer una reflexión acerca de la condición de los migrantes en ese país, y también a nivel universal. Yo misma soy nieta de inmigrantes. Mis abuelos llegaron a México desde Alepo hacia 1920, y pasaron, ellos mismos, por todas las dificultades a las que se enfrentan las personas que por una razón u otra se ven forzadas a abandonar su lugar de origen. ¿Cuáles son? – La perdida, en cierta medida de su identidad y de los propios derechos, el verse obligados a adaptarse a una nueva cultura, idioma, usos y costumbres de una sociedad totalmente ajena a la propia…
Esta reflexión tan inquietante, tenía que verse reflejada de una manera u otra en mi trabajo como artista, y así, de modo paulatino, fue surgiendo en mi obra para mi propia sorpresa, ya que mi trabajo desde hacía muchos años se venía centrando en una propuesta de abstracción pictórica.
Empezaron a emerger en mis lienzos las figuras de los migrantes, rechazados, perseguidos, atrapados, exponiéndose a situaciones de peligro. Mi técnica al pintarlos siguió siendo la misma, y mi interés por manifestarlo a través de la pintura-pintura se mantenía siempre ahí. En cuanto a eso, no podía dejar de ser yo misma.