XI BIENAL DE PINTURA RUFINO TAMAYO, 2002
 
 
 
En Babel, la obra premiada de Beatriz Ezban, seguramente las presiones de la actual atomización de los lenguajes plásticos haya tenido que ver con la decisión de dar identidad específica a lo que pudieron ser meros trazos abstractos sobre un campo textural y cromático. La alegoría bíblica más citada en los últimos años es en realidad una figuración automatista sobre un empaste árido, como de tierra calcinada, que le da carácter de inscripción ruinosa a trazos oblicuos convergentes alrededor de una espiral que igual es vórtice que zigurat. Desde este enfoque o de otros posibles, Babel refrenda valores plásticos que el neoconceptualismo relegó, aquellos de la capacidad de comunicación sensorial de la pintura, previos a alguna asociación de ideas ante su motivo central, accesorio en última instancia en este caso.
 
El laconismo, la frialdad, el hermetismo y el desafío intelectual del neoconceptualismo han logrado acrecentar el aprecio de lo estrictamente pictórico. La sensibilidad manual, la seducción cromática, la provocación sensorial y la capacidad de estimulación subjetiva pueden resultar novedosas para quien ya tuvo bastante de los presupuestos intelectuales de las disciplinas objetuales y no objetuales. Por lo visto, la transvanguardia italiana, el neoexpresionismo alemán y la posvanguardia neoyorquina le presentaron, como lo indica el uso de los prefijos en sus nombres, los últimos intentos por activar significativamente el espacio plano de la pintura. Se ha dicho que con estas tendencias parecería que el discurso fue agotado y con éste la necesidad de señalar direcciones determinadas para el arte, para situar su atención en sí mismo como un fenómeno que sólo mediante enigmas puede afrontar su propia indescifrabilidad, que es la misma del mundo.
 
Luis Carlos Emerich
Extracto del texto del catálogo de la XI BIENAL DE PINTURA RUFINO TAMAYO, 2002
en la cual la obra Babel de Beatriz Ezbán resultó premiada.
 
 
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